martes, 14 de agosto de 2012

Día de playa, noche de baile

La perfección no existe. Pero, a veces, hay días que son tan geniales que son casi perfectos. Hace unos días vengo escribiendo un post que dejaré para más adelante, porque los acontecimientos del sábado merecen ser contados ya mismo.

Resulta ser que hace una semana estábamos cenando con amigos y charlando sobre lugares para ver en la ciudad y sus alrededores. Hablando sobre las playas de acá, Shakeeb y Faran nos dicen que no conocimos nada, que tenemos que ir a Mubarak Village y comienzan a detallar las bondades de aquel paraíso. A lo que yo les digo: Buenísimo, ¿Cuándo vamos?. Anytime, es la respuesta, algo muy usual acá que es prometer y armar miles de planes que rara vez se concretan. Temiendo que pasara eso de nuevo, con los chicos empezamos a insistir que queríamos ir tan pronto como posible. En nuestros últimos días nuestra vida social se veía reducida a salir a comer o fumar shesha por lo que estábamos bastante entusiasmados ante otro tipo de actividad.

El lunes, en el trabajo, veo que Shakeeb crea el evento para ir a Mubarak en la red social del joven Zuckerberg. Inmediatamente voy al escritorio de Gokce, le cuento el plan y nos abrazamos de la emoción. Los días siguientes transcurrieron planificando el día de playa y hacia el final de la semana diversos sucesos aleatorios perfilaban un excelente panorama. La llegada de Juan (colombiano que me permitió volver a hablar en castellano fluido), los planes para irnos de vacaciones en dos semanas y el feijao preparado por Michel el viernes eran signos de buen augurio.

Supuestamente nos encontrábamos todos en la casa de uno de los chicos entre las 12:30 y las 13 hs y de ahí partíamos en caravana de autos hacia nuestro destino. ¿Por qué supuestamente? Porque hay algo que con los chicos llamamos "pakistani times" y refiere al hecho de que a la hora indicada hay que sumarle -mínimo- una hora más. Para mí directamente no se puede hablar de "impuntualidad", ya que no existe ese concepto. Es más bien una forma relajadísima de hacer planes. Y esto se ve también en los casamientos (Roberto me contó de uno que empezó dos horas más tarde) y hasta en eventos con público y periodistas como un desfile de moda. La espera igual transcurrió en un lindo departamento en el cual íbamos conociendo a amigos de amigos, charlando y... fumando shesha, por supuesto.

Llegamos a las cuatro de la tarde y directamente fuimos para las montañitas que están cerca de la playa. Subimos, sacamos fotos, seguimos charlando y empezó la desesperación con mis amigas: "Vamos al mar ya!". No podíamos salir del mar, íbamos un poco a la orilla y volvíamos de forma inmediata. Súper limpio, a diferencia de la costa frente a la ciudad, y con mucho oleaje. Terminamos saliendo a causa de las mareas que nos arrastraban hacia dentro más que por propia voluntad. Mientras nos cambiábamos los chicos empezaron a preparar el fuego para hacer unas pechuguitas de pollo marinadas en salsa (picantes ¿hay que aclarar? pero muy ricas)tipo barbecue. Y cerramos con un fogón cantando canciones de acá, Oasis, Queen y Red Hot Chili Peppers.


Nos estábamos por volver y eran las diez de la noche, la playa estaba completamente oscura. Todavía era temprano para algunos de nosotros. Debatiendo cómo seguirla a Michel se le prende la lamparita... vengan a casa y ponemos reageton, cumbia y salsa. Empiezo a saltar en la arena y a correr de un lado a otro para avisarle a quienes sabía que se iban a prender a una noche de baile en la terraza. Una chica de Bulgaria que acabábamos de conocer se plegó a nuestro plan en forma inmediata. Organizamos los autos, voy para mi casa (el depto de las chicas) para agarrar la compu y el fernet y de ahí a lo de los chicos. Poder bailar La Pregunta con alguien que conoce el tema (el colombiano, por supuesto!!) fue algo inexplicable. En este mes y monedas que llevo viviendo acá puedo decir que por primera vez armamos una verdadera clase de danza internacional. La "medicina", que es el nombre con el que mis compañeros llaman al fernet por su "extraño" sabor, pasaba de mano en mano. Después llegó el turno de la salsa, primera vez que bailaba salsa con alguien que supiera bailar de verdad y además me enseñaba a mi!!. Mechamos un par de canciones brasileñas y después algo de cuarteto. Como éramos solamente tres los que bailábamos empezamos a insistir a los demás. Momento bizarrísimo de la noche fue enseñar los pasitos de "Vamos a bailar" de Yerba Brava a Vania (Bulgaria), Adama (Costa de Marfil), Wang (China), Juan (Colombia) y Michel (Brasil).

Cambiando de banderas y continente, pasamos a música africana. Adama tomó el control de la compu y nos empezaba a pasar temas y enseñarnos como bailar. Tiraba unas coreografías buenísimas y ahí lo lindo fue que los tímidos que seguían sentados terminaron sumándose al grupo. Hayyan, uno de los chicos de acá que venía mirando toda la escena sentado, de repente se para ante un tema nigeriano y le saca a Adama el rol de profesor. Seguimos con temas conocidos por todos, de los muchachos de LFMAO y mi compu se queda sin batería. Conectamos al celu de Adama pero estabámos cansadísimos y ya pasamos a sentarnos y charlar, pensando en ir a dormir. Justo en eso escuchamos los tambores que veníamos escuchando toooodas las noches, cuya función es despertar a la gente para el Sehri (la comida de las 4 de la mañana, antes de empezar el ayuno diario en Ramadán). Era la primera vez que escuchábamos eso y no estábamos en pijama en nuestras camas. Bajamos corriendo y salimos a la calle a ver quiénes eran los descarados que tocaban la murga madrugadora. Nos quedamos con ellos hasta que terminó la función y nos vamos a dormir con una enorme sonrisa en nuestras caras. De lejos, de los mejores días desde que estoy acá :)

jueves, 2 de agosto de 2012

Histeria musical

No puedo evitar caer en las comparaciones entre lo que creía que era la vida acá y lo que realmente sucede. Cuarto post y sigo con el mismo tipo de contraste! Lo que me pasa es que veo cosas insólitas, estoy segura que también a ustedes le sorprenderían.
Veamos: si saben que van a un país que no hay boliches (discotecas, en el español argentino) ni bares ¿qué tipo de música esperan escuchar en la vida cotidiana? Yo pensé que me iba a encontrar con una cantidad variada de música tradicional en urdu. Gran sorpresa al encontrar que tanto cuando voy al súper a comprar fideos, cuando voy a tomar café o cuándo mis compañeros de trabajo o mis amigos me llevan en auto suena de fondo “Danza Kuduro”.

El otro día fuimos a almorzar y despedir a una chica que se volvía a casa tras su intercambio aquí en Karachi. Llegamos a la una y media del mediodía de un soleado día y entramos a una cueva extraña. Todo oscuro, las luces en azul, música fuerte, aire acondicionado y pantallas de plasma con el videoclip “International Love” de Pitbull. Algo francamente extraño para la hora que era. Luego, hablando con las chicas, comentábamos lo bizarro que era ir a comer a un lugar ambientado como boliche pero que en realidad estaba pensado para charlar con amigos. A fin de cuentas no se podía hacer ninguna de las dos cosas, no podías bailar (porque está mal visto si es en público) pero tampoco charlabas tranquilamente a causa del volumen de la música.

En uno de los viajes en auto de visita a las comunidades rurales uno de mis compañeros puso un cd compilado de música internacional que tenía algunas canciones de reaggeton. Empecé a reírme a carcajadas por la situación surreal en la que me encontraba y como mi compañero tarareaba la canción sin entender lo que decía me dediqué a traducirla. Su cara se transformó al darse cuenta de lo directas que son las canciones latinas para bailar. No estaba horrorizado pero muy sorprendido.

En otro de los viajes (piensen que nos lleva alrededor de 3 horas de ida y 3 horas de vuelta, tiempo de sobra para escuchar música) estábamos en un súper auto con pantalla de DVD incluida. Estábamos mirando un compilado de canciones Bollywoodenses cuando comienzo a notar algo fuera de lo común. Básicamente, todos los videos responden a un mismo esquema: chico que se quiere levantar a la chica. Pero lo gracioso es que el “winner” se contornea locamente, menea pa abajo, coordina una coreografía con mil tipos atrás suyo de forma increíble… y la mujer como mucho le tira unas sonrisitas, baila un poquito pero después se va y, cuando finalmente están juntos, la cámara se aleja y enfoca un paisaje.En los últimos dos años, Bollywood está atravesando una "modernización" ¿u occidentalización? de sus películas, por lo que se pueden encontrar videos como este o vean también Jalebi Bai, donde las chicas bailan mucho más destapadas que antes. Lo que estuve leyendo en Google es que muchas de las actrices consideran al prestarse a bailar, usar ropa ajustada, etc tienen más chances de entrar Hollywood. Veremos cómo les va!

Lo interesante también es que este tipo de música no tiene límite de edad ni personalidad, he visto a compañeros que son bastante grandecitos manejando al ritmo de "I'm sexy and I know it". Pero ellos no bailan, no se mueven, nada! A mí particularmente, me hierve la sangre y todo mi cuerpo se tiene que contener, porque no da bailar. Estoy de compras en el almacén, al lado de dos chicas vestidas con abaya y suena un remix de música electrónica. Qué vuelteros, que no me pasen esta música y listo!

Volviendo al tema de la música tradicional, después de pedirle a varios amigos que me pasaran temas descubrí que generalmente está cantada en Sindhi, Balochi, Punjabi y raras veces en Urdu. Los idiomas provinciales son muy fuertes, y de hecho, más que provinciales son etnias distintas. La cuestión étnica (incluso "racial" llegué a escuchar) es un tema muuuy interesante sobre el cual me explayaré más adelante, con mapas y todo.

miércoles, 25 de julio de 2012

Montaña rusa

Hola a todos, qué tal? Hoy escribo nuevamente con muchas novedades y todavía mucho más por vivir!

En estos días siento que me pasó de todo, que pasé en un lapso de 6 días por tantos estados emocionales distintos que es como si estuviera arriba de una montaña rusa:

-Pasé de sorprenderme con lo nuevo a comenzar de a poco a adaptarme (y enojarme también, quizás) con la situación social de la ciudad.

-Fui a la inauguración de una marca de ropa para hombres para la cual algunos de los chicos de acá posaron como modelos. Fue bastante divertido para todos ver sus fotos tanto en las vidrieras como en el local y sobre todo es más divertido aún porque al conocerlos sé que ninguno de ellos se dedicó al modelaje antes. Como tienen caras "exóticas" y son altos, alcanza. No es mi caso, acá todos me tildan de "patán" que, pese a que suena como el perrito del dibujito La Carrera de los Autos Locos, es la palabra en urdu para designar a los pashtunes, etnia mayoritaria en el sureste de Afganistán y noroeste de Pakistán. Imaginen escuchar "Ana you look like a pathan" por parte de los aiesecers pakistaníes, de sus amigos, de tus compañeros de trabajo, de tu jefe... y hasta de extranjeros que ya están viviendo acá y dicen "sí, podrías pasar como una patán". El punto débil es que no hablo pashto y ya con mi acento de inglés es bastante obvio que soy extranjera. Y cuando uso jean y remera, directamente a tres cuadras se puede afirmar que soy outsider.

-Llamé a mi abuela porque Mr Skype me regaló crédito, así que la pude llamar a su casa. La tecnología brinda oportunidades impresionantes, al cortar el llamado me quedé unos segundos pensando en eso, totalmente fascinada. Aunque, por otro lado, el Skype es traicionero: te acerca y a la vez incrementa la distancia. Te das cuenta de lo bizarro que es tener una conversación (en tu idioma nativo) con tus seres queridos mientras al lado tuyo tu amiga de Turquía toma un café con tu amiga de Rumania. Tomás conciencia de que no los vas a ver por muuuucho tiempo. Pero si reflexiono y pienso en un nivel racional, de todas maneras, hay mucha gente linda a la que no voy a ver por unos meses y acá estoy viviendo una gran experiencia, así que no gano nada evitando el Skype.

-Visité por primera vez un templo hindú, muy raro todo! Si bien sabía de algunos de sus dioses,como Ganesh o el hecho de que adoran a las vacas ver las imágenes y estatuas del templo no dejó de sorprenderme. También a nivel arquitectónico era raro, no había un gran salón con asientos, sino que rezaban frente a cada dios en pequeños salones, sentados en el piso. Como nota de color, el templo brinda comida para quienes así lo deseen (arroz picante, no se hagan ilusiones)y agua "purificada y filtrada". Con el calor que hacía y sabiendo que iba a ser probablemente mi última oportunidad para tomar agua (debido a Ramadán, explicaré en el siguiente punto) tomé un poco de esa agua, con bastante desconfianza. Tras visitar el templo fuimos a Frere Hall donde los domingos montan una feria de libros. Paseamos, caminamos... y volvimos a casa porque necesitaba agua y comida, no podía más.

-Ramadán: Empezó el mes más importante para los musulmanes. Ramadan Mubarak! En el noveno mes del calendario lunar fue revelado el Corán y se conmemora durante toooodo el mes. Eso sig nifica que por 30 días desde el sahree (tipo 4 de la mañana) hasta iftar (7 y media de la tarde) los musulmanes no comen ni beben nada, reflexionan y rezan. Ah y trabajan también! No entiendo honestamente como resisten, para mí con 36 grados es imposible no tomar agua. Mis felicitaciones para ellos.
Ramadán tiene un par de efectos prácticos en mi vida cotidiana que son simpáticos. Y otros no tanto. Comenzando por los buenos: no hay casi tráfico en las calles. Muchos comercios están cerrados (por no decir la mayoría) hasta las 7 de la tarde, así que cruzar la calle es algo maravilloso. El siguiente no es estrictamente bueno o malo. Quizás sea un poco perjudicial para mí pero lo encuentro divertido. En la oficina casi todos están ayunando. Starina, la secretaria más divina del mundo, es católica así que ella tampoco modificó sus hábitos alimenticios. Peeero tuvimos que desarrollar un plan estratégico para comer y beber, porque no podemos hacerlo delante de los demás. Más que ofensivo es también una enorme tentación. Y es gracioso que a eso de las 10 y media nos miramos y señala con la cabeza la puerta. Agarro unas galletitas para llevar a la cocina y me pregunta "dónde las vas a esconder?" Acá, abajo de la remera" digo yo. El envoltorio de plástico comienza a rozar la blusa y un incómodo ruido se escucha mientras camino, a lo cual Starina me dice que es muuuy obvio el origen del ruido. Yo a este punto siento que estoy traficando diamantes en lugar de tener un simple paquete de galletitas, me parece que es un poco exagerado. Y en el almuerzo, de vuelta a esconder sandwiches en un sobre de correo!! Es el colmo! La forma de sobrellevarlo es con gracia, porque sino se vuelve pesado.

- Problemas estomacales: sí, ya pasé por eso también. Cuando llegué dos de los interns de acá estaban sumamente mal. Uno de ellos incluso me dijo "ya te va a pasar a vos también" Venía bien pero de repente sucedió. Para no ser menos en este surrealismo cosmopolita en el que vivo les cuento que tomé: una pastilla de carbón de Turquía (compañera de depto turca), una solución para recuperar sales de Pakistán (en la oficina), aceite de Indonesia para frotar en la pancita como se hace a los bebés (compañera de depto de Indonesia) y un antigástrico argento. Para continuar con la globalización de la medicina, le acabo de dar a Gokce un Migral ya que le estalla la cabeza. ¡Viva el intercambio de remedios! Para no preocupar a nadie aclaro que ya me siento mejor, me estoy cuidando un poco con lo que como y eso es todo, ya voy a estar perfecta en unos días!

Abrazo grande!

miércoles, 18 de julio de 2012

Primeras visitas a las comunidades rurales de Sindh


Buenos días Buenos Aires, Buenas noches Karachi.

El martes pasado visité Sujawal, un poblado ubicado a 2 horas de distancia de Karachi. El trayecto medido en kilómetros que sería el indicador esperable no sirve de nada acá porque el tiempo que lleva transportarse de un lugar a otro no tiene correlato alguno con la distancia recorrida. Esto se debe a que en la misma ruta podés encontrarte buses locales (que imaginen que no alcanzan una velocidad alta), que al salir de la autopista los demás caminos no están en buen estado y, también, a que a medida que uno se acerca a las comunidades hay seres no motorizados que transitan el camino; seres llamados vacas. Y el sábado Jatti, ubicado a tres horas y media, todavía más lejos que Sujawal

El camino a Sujawal fue más bien tranquilo no hubo muchas interrupciones pero Jatti estaba todavía más lejos, los caminos no estaban en muy buen estado y los rickshaws (especie de taxi, tipo tuk-tuk) dominaban la carretera.
Es muy interesante que, contrario a como yo lo imaginaba, las comunidades están un poco disgregadas entre sí. Se dividen en clanes familiares, entonces un poblado puede tener entre ocho y diez clanes que están a una distancia de 15 minutos, uno del otro. En la mayoría de ellos, hay una cocina común, un solo baño para todos y las casas están dispuestas de forma tal que al salir ves a tus parientes, una frente a la otra y una al lado de otra. No me considero una experta por haber ido apenas dos veces, así que repito, esto son meras observaciones. Pero las familias están muy “relacionadas” entre sí para actuar en las tareas cotidianas: cocinan, ordenan, limpian y lavan juntas. Las mujeres, demás está decirlo. Y los niños, hijos de las distintas familias, correteaban juntos de un lado para otro. Fueron quienes más se acercaron a nosotros y se divertían con nuestra presencia. La visita a Sujawal fue espectacular para ellos porque fuimos con una grúa para tomar fotografías aéreas. Imaginen el revuelo que causó, todos querían subirse a la caja y ver su casa desde arriba pero pocos se animaban. En un cruce de caminos hasta yo me sorprendí al observar alrededor de treinta hombres que aparecieron de la nada, todos amuchados y hablando fuerte. Le pregunto a Fahad que sucedía, si eso era una reunión tribal, si debía bajar del auto y me dice irónicamente: “Encontraron algo nuevo para hacer, ver una grúa. Si querés distraerlos y tener una muchedumbre que observe a la única chica blanca del pueblo bajate, yo me quedo acá”

Dependiendo del clan, ya que cada uno es muy distinto, era el grado de interacción que yo podía realizar. En general, las mujeres me recibían bien e incluso me trataban como si fuera superior a ellas. Si me sentaba en el piso me traían almohadones. En una directamente se sentó una chica a mi lado con la exclusiva función de abanicarme por más que le dijera a través de señas que no era necesario. Y lo gracioso es que me hablaban en Sindhi, el idioma provincial, ni siquiera en Urdu, en el cual alguna que otra palabra puedo decir. Trataba de explicarles que no las entendía y seguían hablándome. Así que yo les hablé en español, para qué hablar en inglés si total no nos entendíamos. Y teníamos unas no-conversaciones (falla en el código de comunicación, de acuerdo al esquema de Jakobson) muy graciosas. Otro detalle simpático es que cuando nos sentábamos formaban un círculo alrededor mío, todas me miraban y sonreían. En una de las aldeas de Sujawal cociné chapatis con indicaciones a través de señas y comentarios emocionados en Sindhi. Mi primer chapati salió chiquito y deforme, todas las mujeres se rieron. El segundo era un poco más grande y los demás eran normales. Imposible lograr un círculo perfecto, quizás con más práctica lo logre.

Si hablo tanto de las mujeres es porque sólo con ellas pude “hablar”, apretar las manos como saludo y pasar tiempo. Porque los hombres como máximo me saludaron con “Salama Alekum”, después era inexistente. Si bien sabía que era muy probable que eso sucediera no dejó de impactarme. Es muy diferente saber algo que vivirlo en carne propia. No estoy diciendo que me discriminaron violentamente ni tampoco que en Argentina la igualdad entre el hombre y la mujer sea perfecta. Pero los roles están notoriamente distribuidos en las comunidades rurales, hay cosas que las mujeres hacen y otras que no, fin de la discusión.
El sábado me pegó más la visita. Venía de conversar la noche anterior con Michel, un brasileño que también está de intercambio, sobre diferencias culturales. Incluso luego de que se fuera a su casa, me quedé pensando mucho en las relaciones padre-hijo, hombre-mujer y las de amistad en los distintos países; así que podríamos decir que ya estaba sensible. Antes de adentrarnos en las “villages” fuimos a una especie de mercadito central del pueblo a preguntar por los dos arquitectos encargados de la construcción de hogares. Me sorprendió encontrarme con hombres exclusivamente, parece que las mujeres no van a realizar las compras. En una de las comunidades las mujeres eran más tímidas, se escondían de la cámara de fotos pero reaparecían después, espiando detrás de las paredes porque querían saber que sucedía. Más allá de lo irrisorio de ver cómo Roberto, compañero de Portugal, sacaba la cámara y 20 mujeres disparaban corriendo para un lado llegaba un punto en el que pensaba “¿realmente es para tanto?”. El relativismo cultural, el cual defendí muchas veces, me empieza a molestar. ¿Hay que entender y tolerar todo? Nadie tiene la verdad sobre cómo comportarse a nivel humano, pero hay muchas cosas que me hacen ruido y no digo específicamente de las comunidades rurales sino de la sociedad en general. Estos pensamientos no ponen en duda el cariño que se puedan profesar los seres humanos, lo que me cuestiono es si algunas normas sociales tienen efectos positivos. A esto le sumo las penosas condiciones de higiene de la comida y el agua, otra cosa esperable pero igualmente impactante.ç

Sumando más eventos al combo emocional que tenía dentro mío, llegamos a las ocho de la noche, tras una jornada de trece horas y fuimos junto con nuestros demás amigos a “crabbing”. Si pienso una traducción sería “pescar cangrejo”, que fue lo que pensé que íbamos a hacer. Pero “crabbing” es salir de paseo en bote y que los marineros cocinen el cangrejo que atraparon anteriormente. La pasé bien, era una linda noche y una actividad divertida. Pero quizás no era lo que necesitaba justo en ese momento. Al otro día, tras haber dormido una buena cantidad de horas, me bañé (algo que me pone muy feliz) y fuimos a la despedida de una chica que tras un año en Pakistán, vuelve a su casa. Con mayoría de extranjeros las conversaciones siempre terminaban rondando en las diferencias. El clima, cómo se festeja Navidad y Año Nuevo, la religión y su puesta en práctica, la vida en familia y la comida fueron los principales temas. Me sentí acompañada, disfruté el tiempo compartido y después me fui con Andreea al shopping, el no-lugar (Marc Augé) por excelencia. Al salir de allí y ver las paredes sin revocar de los edificios de Karachi no entendía nada. Le digo a mi amiga: dentro del shopping me sentía casi en casa, ahora por unos segundos no entiendo nada. Y ella, que lleva tres meses viviendo acá me mira y me dice “sí, yo cuando extraño mi casa vengo al Dolmen Mall”.

Ayer, martes, no había tenido un muy buen día. Volvía a casa un poco cansada, pensé que iba a estar sola, pero estaba trabado desde adentro. Reacción mental: la nueva intern de Indonesia debe haber llegado a la casa. Golpeo para que me abra y me encuentro con un chico de China súper emocionado gritando en castellano “Hola Ana, ¿cómo estás?” Siendo la única hablante nativa de español de esta pequeña comunidad fue una gran alegría poder conversar con él en español. Fuimos al super juntos, nos independizamos de los autos y nos tomamos un rickshaw. Me encantó que le gusta pelear el precio de las cosas también! Al final se mudó al otro departamento, así que vamos a estar a dos cuadras de distancia nomás y le hice prometer que vamos a cocinar comida china.
Todo es posible acá! Saludos, voy a dorir, mañana es un largo día!