jueves, 6 de septiembre de 2012

Capítulo 2: Homeless en Islamabad

En la entrega anterior había contado lo poco que sabíamos acerca de cómo iba a continuar nuestro propio viaje. No sólo no teníamos idea de cómo ir a Skardu sin Carlos y la camioneta mágica sino que ni siquiera sabíamos que iba a ser de nosotros en Islamabad.


Nuestra última noche en Lahore la pasamos charlando en el balcón, escuchando música brasileña y viendo fotos hasta bien entrada la noche. Nuestro micro partía a las seis de la mañana y, dado que estábamos lejos de la terminal, debíamos partir a las cinco para llegar con tiempo. Para variar, nos quedamos dormidos, ninguno escuchó sus respectivos despertadores y solamente cuando Antonio prendió la luz del cuarto diciendo “Bom dia, sao dez para as cinco” tomamos conciencia de lo tarde que estábamos. Conciencia… quizás sea un poco exagerado utilizar esa palabra. Más bien lo que sucedió fue que yo empecé a gritar “nooooooooooo nooooo” y algunas groserías al estilo del Tano Pasman y así despertando a mis compañeros, que no entendían qué bicho me había picado. Alina toda alborotada trató de explicarme en un matinal rumanspanglish que no habíamos perdido el micro y yo le contestaba que ya lo sabía, que el micro era a las seis pero que nos teníamos que ir de inmediato. Mientras corría de un lado a otro metiendo las cosas en la mochila Michel, tranquilísimo, decide ir a tomarse una ducha (lo mismo había hecho antes del tren). Llegamos corriendo a la estación, cargamos los bolsos y subimos prácticamente últimos. Por algún extraño motivo el llegar tarde a casi todos lados se mantendrá como una constante durante el viaje.


Nos tomamos un bus Daewoo a Rawalpindi, la “ciudad gemela”, a 14 km de Islamabad y de allí una combi a Ia capital del país. Llegamos y no teníamos realmente idea de donde estábamos, nosotros habíamos dado por sentado que íbamos a llegar al centro de la ciudad o a la “terminal”. No, resulta ser que la terminal de micros que usan los Islamabadenses es la de Rawalpindi. También nos enteramos más tarde que no existe tal cosa como “centro de la ciudad” El conductor de la combi nos había dicho que íbamos al G7 y al decirle eso a Carlos me dice “Ana, el G7 es enorme, pasame una dirección más específica por favor”. Sentados en la vereda sin que nadie pudiera decirnos donde estábamos, mirábamos atónitos las calles anchas de una ciudad que se parece más a un suburbio estadounidense que a una ciudad pakistaní. Decido ir a un hotel cercano a hacer algo tan básico como preguntar la dirección. Los chicos esperan en la vereda, Michel sentado como un típico pakistaní.

Obtenidas las coordenadas, mi compatriota nos pasa a buscar. En el camino nos explica que Islamabad, ciudad planificada desde cero, está dividida en cuadrículas, letras hacia un lado y números hacia el otro y dentro de cada una de ella las calles suelen ser números. Por lo tanto una dirección puede ser “Street 8th F6” y como eso no suele alcanzar empiezan “enfrente de este edificio, a la vuelta del parque, etc etc”

Nuestro ángel de la guarda nos lleva a la casa de un colega suyo donde dejamos los bolsos y nos presenta a un amigo que es agente de viajes. Nos ofrece ir al otro día a un pueblo en las montañas junto a una familia alemana. Nosotros, encantados, cualquier cosa por alejarnos de la vida de ciudad y acercarnos a la naturaleza. Mientras tanto, Carlos se va a buscar pan para el asado. Bueno, mañana partimos, todos contentos. Volvemos a la casa donde estábamos para almorzar y yo no podía dejar de mirar la comida como si fuese un cargamento de diamantes. Tal es así que Nicolás me dice “la forma en que mirás la carne y la sonrisa que tenés en la cara me llenan de felicidad”.


Tras charlar sobre los temas obligatorios para las personas que se encuentran fuera del propio país (hace cuánto estás acá, que estás haciendo, donde vivís, te gusta, etc) llegamos al tópico estudios…para descubrir que habíamos ido a la misma facultad! En una mesa de siete personas, cuatro de ellas resultaron haber pasado por las aulas de la Facultad de Ciencias Sociales, tres politólogos y una socióloga en formación se encontraron en Pakistán. A miles de kilómetros de Buenos Aires discutir sobre cátedras y profesores de Sociales resulta algo irrisorio, todavía más si es con personas que uno acaba de conocer!

Continuamos hablando sin parar hasta que llegó el turno de ir hacia nuestra morada por un día, el departamento del amigo de un amigo, donde básicamente nos cambiamos, comimos y dormimos. Estábamos alejados de la ciudad y al recibir la lamentable noticia de que el viaje a Fairy Mellows no podía realizarse decidimos ir a un hostel para, por lo menos, recorrer Islamabad y tener acceso a taxis y lugares para comer. El tema movilidad no es menor, en aquella ciudad es imprescindible tener auto para todo, hasta para ir a comprar una Coca necesitás auto. Al llegar al hotel que habíamos buscado ese mismo día nos muestran las habitaciones y si bien en un principio estábamos decididos a gastar la menor cantidad de dinero posible… vimos la suite y nos enamoramos. Camas enormes, aire acondicionado, heladera, televisor, bañadera, balcón con vista al jardín, mesa y sillas, wi fi.


Ninguno dudó, tomamos la habitación más cara del lugar y disfrutamos de una tarde con las comodidades que tanto extrañábamos. El personal del hostel (o la guest house, mejor dicho) se portó de mil maravillas, ayudándonos con listado de lugares para visitar, restaurantes y se prestaban a cualquier consulta. Les preguntamos cómo estaba la situación para ir a Gilgit y el dueño del lugar nos dice que normal, que podíamos comprar un pasaje de micro para el día siguiente si queríamos. Sentíamos que ahora sí teníamos las riendas sobre nuestro destino, no parábamos de decirnos a nosotros mismos “desde un comienzo tendríamos que haber hecho esto!”







Pasamos la tarde decidiendo a dónde ir cuando recibo un mensaje totalmente inesperado de Nauman, un amigo de Karachi, diciendo que está en Islamabad por un día y que se enteró por Ingrid que nosotros también; nos pregunta si queríamos salir a la noche. Le contamos que pensamos recorrer la ciudad, nos encontramos en la mezquita Faisal, una de las mezquitas más grandes del mundo y de allí nos vamos al Pakistan Monument. Nuestro amigo se peleó con los muchachos de la entrada para hacernos pagar como pakistaníes, no entendemos urdu pero el tono de voz iba in crescendo y los gestos no eran muy amigables. La diferencia de precio era notoria, pero decir que teníamos doble ciudadanía era algo totalmente impensado para nosotros. Créase o no, pagamos 20 rupias para entrar (0,20 dólares) y Nauman nos terminó agradeciendo por llevarlo allí, no conocía el monumento y estaba encantado.






Fuimos a cenar a un restó de comida italiana, donde nos quedamos charlando tanto que no nos dimos cuenta de la hora. ¿Cómo volver al hotel? Nadie pensó en eso, el restaurant cerrado y sin taxis a la vista empezamos a caminar por Islamabad hasta que nos dicen que íbamos en la dirección contraria. Sin dejar de reírnos retomamos nuestro punto de partida y encontramos un taxi que nos llevó de vuelta. Jugamos a los anfitriones y durante toda la noche le decíamos a Nauman “now come to our place, you’re our guest”, nos negamos reiteradas veces a aceptar la plata que nos daba por apenas unas horas que iba a pasar con nosotros antes de irse al aeropuerto. La segunda frase más escuchada en el viaje fue “Feel comfortable”, con la cual también nos reíamos porque era expresada en tono de orden… lo cual claramente generaba el efecto contrario.

Al día siguiente Michel y yo teníamos nuestros pasajes ir a Gilgit, a la tardecita salía nuestro micro. La situación se había tranquilizado, compramos los pasajes y arreglamos para encontrarnos con Shaza y Bilal (dos aiesecers de Karachi que recién llegaban a Islamabad para un proyecto) y otros amigos de ellos que no conocíamos. Alina prefirió quedarse en Islamabad con ellos. Nos despedimos muy emotivamente, prometo mandarle dos mensajes de texto por día contándole como estábamos y nos dirigimos a la estación con Ashan, el amigo de una chica de Polonia que estaba haciendo su internship en Lahore. Explico esto porque el chico nos brindará grandes sorpresas más adelante sobre todo teniendo en cuenta que lo habíamos conocido de una manera completamente aleatoria. Llegamos a las corridas –para variar- a la terminal de Rawalpindi y al acercarnos a la empresa nos empiezan a hablar en urdu a toda velocidad, no entendíamos nada, pero creíamos que no era algo bueno. Ashan nos traduce: todos los micros que van al Norte fueron cancelados. Hubo muchas lluvias así que hay peligro de derrumbe y no es seguro quedarse en el medio de la ruta.

Nos subimos a un taxi, bastante decepcionados, cansados, con mucha bronca y ya totalmente resignados. Michel me mira y me dice: “es el destino… o al menos eso es lo que diría mi mamá”. Lo miro fijo a los ojos, asiento con la cabeza sin poder hablar al principio y luego respondo que exactamente eso es lo que diría mi madre. Me reclino en el asiento, observo las calles-casi-autopistas, las luces y los autos último modelo que pasaban al lado de nuestro taxi mientras la voz de mi mamá me taladraba el cerebro. Sé que es algo físicamente imposible pero escuchaba "Ana, todo pasa por una razón, si no podés viajar al Norte por algo será, dejá de insistir" con su tono de voz, sus pausas, sus palabras tenían una sonoridad y una textura tan fuerte que era impresionante. Cerraba los ojos y la veía en la cocina de mi casa, cruzando y moviendo las manos, diciendo "no podés Ana, LISTO, dedicate a conocer los lugares a los que sí podes ir, priorizá y cuidate a vos misma"







PRÓXIMO CAPÍTULO Capítulo 3: I need a plan!
Adelantos: cena inesperada de Eid en la casa del dueño de una importante empresa, el hotel más sucio del viaje, cumpleaños tradicional en un pueblo y mucho más!

lunes, 3 de septiembre de 2012

Locas travesías por el norte de Pakistán. Capítulo 1: Noticias inesperadas


AVISO: Están a punto de leer las crónicas del viaje más loco, más impredecible, con más cambio-de-planes que hice en mi vida. Y eso es bastante decir eh! Ahora estoy de vuelta en Karachi, sana y salva. El relato se corresponde con hechos ocurridos hace dos semanas, la autora se encuentra en su rutina diaria nuevamente. En el mapa marqué las ciudades que visitamos, donde vivo y donde teníamos pensado ir. Si hacen click en cada una, les aparece en tamaño más grande :)

Hace un mes que miraba el calendario, viendo en qué fecha podría ir para las áreas del Norte de Pakistán, donde hay montañas, lagos, mucho verde y unas vistas impresionantes. Personalmente tenía ganas de ir para Chitral y de ahí ir al Kalash Valley, donde reside una comunidad politeísta milenaria y me habían dicho que tenía que ir cuanto antes porque después de Septiembre se vuelve demasiado frío y a fines de Octubre los caminos directamente se vuelven intransitables.

Eid parecía el tiempo indicado para ir. Eid es el período en que se celebra el fin de Ramadán, son 3 días en los que los musulmanes ofrecen grandes comidas para sus familias, visitan amigos, las mujeres usan ropa nueva (nuevos shalwar kameez, en estas tierras) y a los niños se les otorga una pequeña suma de dinero como regalo, conocido como Eidi. Haciendo un paralelo con el cristianismo, podríamos decir que Eid es una especie de Navidad del Islam. Las familias están totalmente abocadas los días anteriores a realizar compras, los shoppings están abiertos toda la madrugada y hasta la decoración de las tiendas y algunas casas es de luces doradas. Falta nomás el arbolito y Papá Noel!

Dado que Eid era lunes martes y miércoles, con 3 días feriados si me pedía dos días en el trabajo y juntaba los dos fines de semana tenía unos cuantos días para aprovechar y viajar. Les comento a los chicos que también están de intercambio de acá, varios se prenden y comenzamos a planear el viaje. En eso, Carlos, un argentino que vive en Islamabad, nos cuenta que está pensando en ir a Skardu en esa misma fecha y nos invita. Dejo la idea de visitar el Kalash Valley a cambio de un divertido viaje por las montañas, cerca de la frontera con China. Nos juntamos con los chicos dos días antes de viajar, terminamos de charlar algunas cosas pero básicamente dominaba un estilo de viaje "relax". Carlos mismo dijo: "Lo más importante, lo único que tienen que hacer ustedes es llegar a Islamabad. Subimos las cosas a la camioneta y de ahí vemos en el camino"

Compramos los pasajes casi unos días antes de irnos, a último momento Gokce dedice no viajar y el grupo final queda conformado por: Michel (Brasil), Alina (Rumania) y quien les escribe. El mismo día que nuestro tren partía hacia Lahore vamos a trabajar y mientras estamos en la oficina nos damos cuenta que nos habíamos olvidado los sándwiches que habíamos preparado el día anterior. Contrareloj, Alina y yo nos encontramos, vamos para la casa a buscar nuestra futura cena y Michel no aparecía, no contestaba los llamados, nada. Desesperación: vamos a perder el tren! Alina llama al teléfono de la estación para avisar que estábamos con retraso. Tras llamar a Wang, logramos comunicarnos con Michel y rogarle que se apure. Corriendo en el andén, un hombre nos detiene diciendo: Miss Alina! Era el hombre con el que mi compañera se había comunicado. Muy amablemente nos ayuda con las mochilas, nos indica nuestra cabina y se despide. Al otro día Alina recibirá varios mensajes de texto del estilo “Me gustó la manera en que me dijiste gracias” o “No me preguntaste como me llamo”.


Al abrir la puerta de nuestra cabina nos encontramos con una mujer, su padre… y dos niños pequeños. Ninguno dice nada pero todos tememos por el llanto de los niños que, contra todo pronóstico, se portaron de mil maravillas. Rabia, la madre de los niños, viajaba para encontrarse con su marido en Sialkot (ciudad cerca de Lahore) y pasar Eid en familia. Tanto ella como su padre nos ofrecían permanentemente papas fritas, té, agua, Fanta y no aceptaban un “no” por respuesta. La frase que acompañaba sus múltiples convites era “Please, you’re our guests”. Tratamos de explicar amablemente que habíamos comprado los pasajes de tren de mismo modo que ellos y que simplemente coincidimos en la misma cabina, pero no había forma, éramos sus invitados y casi hasta sus hijos. Como si fuese una especie de guiño del país hacia nosotros el “You’re my guests” lo escuchamos hasta el hartazgo en muchas circunstancias bizarras, por lo que se convirtió en nuestro chiste interno a lo largo del viaje. Por ejemplo Michel abría la puerta del hostel y decía “Please: Alina, Ana you’re my guests”. El viaje en tren fue mucho mejor de lo que nos esperábamos. Tuvimos aire acondicionado, wifi, comida y solamente se atrasó tres horas, lo cual es algo muy bueno en lo que respecta al servicio de trenes.





La idea original era llegar a Lahore, pasar la noche con unos amigos de Michel que viven allí y dirigirnos al otro día para Islamabad desde donde iríamos para Skardu. Resulta ser que, mientras estábamos charlando lo más tranquilos en el tren suena mi celular. Llamada de Carlos. Pregunta si estábamos en Karachi. Ante mi respuesta negativa y contarle que estamos en el tren escucho del otro lado del teléfono un “Aaah” no muy convincente. ¿Por qué, qué pasa? “Bueno, Ana, no sé si viste las noticias, hubo ataques en el Norte, se puso muy jodida la situación, viste…. No sé si podemos ir, yo no quiero decir nada, pero la veo muy difícil”. Decidimos que es mejor hablar al día siguiente.

Llegamos a Lahore a las cuatro de la tarde, totalmente derretidos por el calor punjabí y el cansancio acumulado del viaje en tren. Antonio y Deborah, una pareja latina muy simpática, nos recibieron con los brazos abiertos. Por dos días adoptaron tres hijos internacionales, fuimos a comer con ellos, a dar vueltas por la ciudad, la mezquita y el Palacio Mughal.

No conseguimos pasajes para Islamabad, por lo que nos quedamos un día más. Este "contratiempo" será el primero de los muchos que tendremos en el viaje. Viendo el lado bueno del asunto tenemos un día más para conocer Lahore y podemos ir a la frontera con India. Así es que al otro día vamos para el Wagha Border
donde todos los días a las 6 de la tarde se realiza el cambio de guardia, tanto de Pakistán como de India. Los datos que teníamos: frontera, India y cambio de guardia eran más que suficientes para emocionarme… pero lo que nos encontramos allí fue algo que claramente superó nuestras expectativas.

Más que un cambio de guardia lo que se celebra una especie de competencia de naciones, colocan tribunas y ambos lados llevan una gran cantidad de gente que grita el nombre de su respectivo país. En ese momento, quedamos anonadados por la cantidad de indios que había. Hormiguitas parecían, miles de personas amontonadas ahí nomás, tan cerca nuestro! Tras la ceremonia corrimos a sacarnos fotos en la puerta que marca la frontera. Mi deseo de sacarme una foto con un pie en cada país se esfumó al ver guardias armados que me llevaban dos cabezas que nos decían “buenooo, tiempo de irse de acá” pero accedían a sacarse fotos con la gente.

Lahore nos sorprendió con sus alrededores verdes, con el calor pesado y la humedad, con un estado de las rutas notoriamente mejor que el de Karachi y con un transporte muchísimo más organizado. ¡Hasta colectivos normales tenía! Pero, por sobre todas las cosas, Lahore significó hablar en español y portugués libremente, conocer a dos personas maravillosas para quienes fuimos sus invitados de honor, recorrer la ciudad a nuestro gusto, sin muchos horarios y reírnos sin parar.



A todo esto, el gran viaje, ¿en qué estábamos? Ninguno quería aceptar la triste realidad de que era imposible ir al norte y que el plan perfecto de ir en una camioneta con un amigo recorriendo puntos lindísimos y manejando a voluntad se había hecho trizas. Empezamos a delirar con historias y formas de viajar, desde contratar un jeep hasta ir en bus usando ropas tradicionales y hacernos pasar por locales. No encontrábamos un buen justificativo para Alina, rubia de ojos claros, pero llegamos a llorar de la risa inventando historias sobre nuestros supuestos lazos familiares. El GRAN problema, de todas maneras, subyacía... ¿qué hacer en Islamabad si no podíamos viajar a las famosas Northern Areas? Cierto integrante del grupo negaba por completo esa posibilidad. Los componentes femeninos queríamos investigar sobre hoteles y lugares para visitar pero los cortes de luz (por ende de Internet) y las ganas de salir a pasear con Antonio y Débora eran más fuertes. Nos fuimos a dormir sin saber muy bien qué iba a ser de nosotros al día siguiente, sólo que teníamos tres pasajes reservados para llegar a la capital.








CONTINUARÁ...

martes, 14 de agosto de 2012

Día de playa, noche de baile

La perfección no existe. Pero, a veces, hay días que son tan geniales que son casi perfectos. Hace unos días vengo escribiendo un post que dejaré para más adelante, porque los acontecimientos del sábado merecen ser contados ya mismo.

Resulta ser que hace una semana estábamos cenando con amigos y charlando sobre lugares para ver en la ciudad y sus alrededores. Hablando sobre las playas de acá, Shakeeb y Faran nos dicen que no conocimos nada, que tenemos que ir a Mubarak Village y comienzan a detallar las bondades de aquel paraíso. A lo que yo les digo: Buenísimo, ¿Cuándo vamos?. Anytime, es la respuesta, algo muy usual acá que es prometer y armar miles de planes que rara vez se concretan. Temiendo que pasara eso de nuevo, con los chicos empezamos a insistir que queríamos ir tan pronto como posible. En nuestros últimos días nuestra vida social se veía reducida a salir a comer o fumar shesha por lo que estábamos bastante entusiasmados ante otro tipo de actividad.

El lunes, en el trabajo, veo que Shakeeb crea el evento para ir a Mubarak en la red social del joven Zuckerberg. Inmediatamente voy al escritorio de Gokce, le cuento el plan y nos abrazamos de la emoción. Los días siguientes transcurrieron planificando el día de playa y hacia el final de la semana diversos sucesos aleatorios perfilaban un excelente panorama. La llegada de Juan (colombiano que me permitió volver a hablar en castellano fluido), los planes para irnos de vacaciones en dos semanas y el feijao preparado por Michel el viernes eran signos de buen augurio.

Supuestamente nos encontrábamos todos en la casa de uno de los chicos entre las 12:30 y las 13 hs y de ahí partíamos en caravana de autos hacia nuestro destino. ¿Por qué supuestamente? Porque hay algo que con los chicos llamamos "pakistani times" y refiere al hecho de que a la hora indicada hay que sumarle -mínimo- una hora más. Para mí directamente no se puede hablar de "impuntualidad", ya que no existe ese concepto. Es más bien una forma relajadísima de hacer planes. Y esto se ve también en los casamientos (Roberto me contó de uno que empezó dos horas más tarde) y hasta en eventos con público y periodistas como un desfile de moda. La espera igual transcurrió en un lindo departamento en el cual íbamos conociendo a amigos de amigos, charlando y... fumando shesha, por supuesto.

Llegamos a las cuatro de la tarde y directamente fuimos para las montañitas que están cerca de la playa. Subimos, sacamos fotos, seguimos charlando y empezó la desesperación con mis amigas: "Vamos al mar ya!". No podíamos salir del mar, íbamos un poco a la orilla y volvíamos de forma inmediata. Súper limpio, a diferencia de la costa frente a la ciudad, y con mucho oleaje. Terminamos saliendo a causa de las mareas que nos arrastraban hacia dentro más que por propia voluntad. Mientras nos cambiábamos los chicos empezaron a preparar el fuego para hacer unas pechuguitas de pollo marinadas en salsa (picantes ¿hay que aclarar? pero muy ricas)tipo barbecue. Y cerramos con un fogón cantando canciones de acá, Oasis, Queen y Red Hot Chili Peppers.


Nos estábamos por volver y eran las diez de la noche, la playa estaba completamente oscura. Todavía era temprano para algunos de nosotros. Debatiendo cómo seguirla a Michel se le prende la lamparita... vengan a casa y ponemos reageton, cumbia y salsa. Empiezo a saltar en la arena y a correr de un lado a otro para avisarle a quienes sabía que se iban a prender a una noche de baile en la terraza. Una chica de Bulgaria que acabábamos de conocer se plegó a nuestro plan en forma inmediata. Organizamos los autos, voy para mi casa (el depto de las chicas) para agarrar la compu y el fernet y de ahí a lo de los chicos. Poder bailar La Pregunta con alguien que conoce el tema (el colombiano, por supuesto!!) fue algo inexplicable. En este mes y monedas que llevo viviendo acá puedo decir que por primera vez armamos una verdadera clase de danza internacional. La "medicina", que es el nombre con el que mis compañeros llaman al fernet por su "extraño" sabor, pasaba de mano en mano. Después llegó el turno de la salsa, primera vez que bailaba salsa con alguien que supiera bailar de verdad y además me enseñaba a mi!!. Mechamos un par de canciones brasileñas y después algo de cuarteto. Como éramos solamente tres los que bailábamos empezamos a insistir a los demás. Momento bizarrísimo de la noche fue enseñar los pasitos de "Vamos a bailar" de Yerba Brava a Vania (Bulgaria), Adama (Costa de Marfil), Wang (China), Juan (Colombia) y Michel (Brasil).

Cambiando de banderas y continente, pasamos a música africana. Adama tomó el control de la compu y nos empezaba a pasar temas y enseñarnos como bailar. Tiraba unas coreografías buenísimas y ahí lo lindo fue que los tímidos que seguían sentados terminaron sumándose al grupo. Hayyan, uno de los chicos de acá que venía mirando toda la escena sentado, de repente se para ante un tema nigeriano y le saca a Adama el rol de profesor. Seguimos con temas conocidos por todos, de los muchachos de LFMAO y mi compu se queda sin batería. Conectamos al celu de Adama pero estabámos cansadísimos y ya pasamos a sentarnos y charlar, pensando en ir a dormir. Justo en eso escuchamos los tambores que veníamos escuchando toooodas las noches, cuya función es despertar a la gente para el Sehri (la comida de las 4 de la mañana, antes de empezar el ayuno diario en Ramadán). Era la primera vez que escuchábamos eso y no estábamos en pijama en nuestras camas. Bajamos corriendo y salimos a la calle a ver quiénes eran los descarados que tocaban la murga madrugadora. Nos quedamos con ellos hasta que terminó la función y nos vamos a dormir con una enorme sonrisa en nuestras caras. De lejos, de los mejores días desde que estoy acá :)

jueves, 2 de agosto de 2012

Histeria musical

No puedo evitar caer en las comparaciones entre lo que creía que era la vida acá y lo que realmente sucede. Cuarto post y sigo con el mismo tipo de contraste! Lo que me pasa es que veo cosas insólitas, estoy segura que también a ustedes le sorprenderían.
Veamos: si saben que van a un país que no hay boliches (discotecas, en el español argentino) ni bares ¿qué tipo de música esperan escuchar en la vida cotidiana? Yo pensé que me iba a encontrar con una cantidad variada de música tradicional en urdu. Gran sorpresa al encontrar que tanto cuando voy al súper a comprar fideos, cuando voy a tomar café o cuándo mis compañeros de trabajo o mis amigos me llevan en auto suena de fondo “Danza Kuduro”.

El otro día fuimos a almorzar y despedir a una chica que se volvía a casa tras su intercambio aquí en Karachi. Llegamos a la una y media del mediodía de un soleado día y entramos a una cueva extraña. Todo oscuro, las luces en azul, música fuerte, aire acondicionado y pantallas de plasma con el videoclip “International Love” de Pitbull. Algo francamente extraño para la hora que era. Luego, hablando con las chicas, comentábamos lo bizarro que era ir a comer a un lugar ambientado como boliche pero que en realidad estaba pensado para charlar con amigos. A fin de cuentas no se podía hacer ninguna de las dos cosas, no podías bailar (porque está mal visto si es en público) pero tampoco charlabas tranquilamente a causa del volumen de la música.

En uno de los viajes en auto de visita a las comunidades rurales uno de mis compañeros puso un cd compilado de música internacional que tenía algunas canciones de reaggeton. Empecé a reírme a carcajadas por la situación surreal en la que me encontraba y como mi compañero tarareaba la canción sin entender lo que decía me dediqué a traducirla. Su cara se transformó al darse cuenta de lo directas que son las canciones latinas para bailar. No estaba horrorizado pero muy sorprendido.

En otro de los viajes (piensen que nos lleva alrededor de 3 horas de ida y 3 horas de vuelta, tiempo de sobra para escuchar música) estábamos en un súper auto con pantalla de DVD incluida. Estábamos mirando un compilado de canciones Bollywoodenses cuando comienzo a notar algo fuera de lo común. Básicamente, todos los videos responden a un mismo esquema: chico que se quiere levantar a la chica. Pero lo gracioso es que el “winner” se contornea locamente, menea pa abajo, coordina una coreografía con mil tipos atrás suyo de forma increíble… y la mujer como mucho le tira unas sonrisitas, baila un poquito pero después se va y, cuando finalmente están juntos, la cámara se aleja y enfoca un paisaje.En los últimos dos años, Bollywood está atravesando una "modernización" ¿u occidentalización? de sus películas, por lo que se pueden encontrar videos como este o vean también Jalebi Bai, donde las chicas bailan mucho más destapadas que antes. Lo que estuve leyendo en Google es que muchas de las actrices consideran al prestarse a bailar, usar ropa ajustada, etc tienen más chances de entrar Hollywood. Veremos cómo les va!

Lo interesante también es que este tipo de música no tiene límite de edad ni personalidad, he visto a compañeros que son bastante grandecitos manejando al ritmo de "I'm sexy and I know it". Pero ellos no bailan, no se mueven, nada! A mí particularmente, me hierve la sangre y todo mi cuerpo se tiene que contener, porque no da bailar. Estoy de compras en el almacén, al lado de dos chicas vestidas con abaya y suena un remix de música electrónica. Qué vuelteros, que no me pasen esta música y listo!

Volviendo al tema de la música tradicional, después de pedirle a varios amigos que me pasaran temas descubrí que generalmente está cantada en Sindhi, Balochi, Punjabi y raras veces en Urdu. Los idiomas provinciales son muy fuertes, y de hecho, más que provinciales son etnias distintas. La cuestión étnica (incluso "racial" llegué a escuchar) es un tema muuuy interesante sobre el cual me explayaré más adelante, con mapas y todo.