Cuando volví, a principios de 2013, después de estar ocho meses en la otra punta del mundo tardé mucho en reinsertarme. El frenesí del viaje había terminado, ahora estaba de vuelta en mi ciudad, conocía los códigos de comportamiento, sabía utilizar el transporte, los nombres de las comidas y si no sabía llegar a algún lugar, manejaba el mismo idioma (y el mismo acento que marca las “y” y usa el “vos”) por lo que no tendría que tener problema alguno en moverme. El factor sorpresa, que hace que actividades cotidianas como ir a la verdulería se conviertan en una aventura se había esfumado de mis días. Todo era normal de vuelta. Ya no había más colectivos decorados donde sonara de fondo música de Bollywood.
Quería volver a mi casa y abrazar a mi mamá, ver a mis amigos, comer un buen asado y realizar el conjunto de cosas que uno extraña cuando vive afuera. Pero, mi cabeza, por algún motivo extraño seguía en Asia. Los seis meses que viví en Pakistán, más los dos meses y medio que viajé por el Sudeste Asiático me habían causado un profundo impacto. No sé si me cambiaron, muchos conocidos me preguntaban “¿El viaje te re cambió, no?” Daban por sentado que la respuesta era afirmativa, sin esperar lo que fuera a decir. Al día de hoy no sé si el viaje (los viajes, debería decir) me cambiaron. Sigo siendo terca, nerviosa y emotiva, sigo moviendo las manos al hablar y si algo me tienta, me río muy fuerte.
Lo que sí sé que me llevo de los viajes realizados es la certeza de que todos los imprevistos se pueden sortear, que aún estando con anginas y viajando sola tuve ángeles guardianes que me cuidaron y que muchos de los peores momentos de un viaje, luego se convierten en las mejores anécdotas. Hoy en día, puedo contar con mi amiga Alina, cruzamos de Laos a Vietnam junto a 37 personas, luchando por un lugarcito en un bus pensado para 25 personas y lleno de cajas de fertilizantes y bebidas energéticas Me quedan, también, imágenes y momentos viajeros que todavía están muy presentes: desde atardeceres increíbles en Mui Ne o descansar en playas con aguas cristalinas en Caramoan hasta la aventura de cruzar la avenida Zamzama en Karachi o hacer dedo para ir hacia Phitsanulok porque me había quedado casi sin efectivo.
Aquellas imágenes son mi refugio mental cuando me siento mal, o cuando me replanteo cosas. Son mi punta de lanza, el "vamos que se puede". Pienso, si vi y pasé por cosas cuasi mágicas, si una tarde fue posible ver el sol tiñendo el cielo de rojo... ¿cómo me voy a angustiar tanto por unos exámenes?
Volví, entonces a Buenos Aires en marzo de 2013, tras pasar ocho meses en Asia. No pasó un año y ya estaba subiéndome a un avión rumbo a Brasil. Cursé un semestre en la USP, la Universidad de San Pablo y traté de aprovechar la experiencia tanto en lo académico como para conocer otras partes de Brasil en los fines de semana largos. Volví a mediados de 2014, unas semanas después de que finalizara el Mundial de Fútbol, donde Argentina había llegado a la final. Podría decirse que estuve en Brasil en el momento justo.
Continuando con esta repetición del verbo "volver", volví a la facu y me recibí. Ya esta vez de una, con el objetivo claro. Estaba segura de querer estar en Buenos Aires y tenía un par de proyectos por los que merecía que me quedara y apostara fuerte.
Ahora vuelvo a viajar. Y a escribir. Una pasión mía que a diferencia de los viajes, muchas veces dejo oculta. Con algunos borradores que guardo en una carpeta de Google Drive, apuntes en cuadernos, siempre tengo ideas que quieren salir pero no veían la luz. Este año, tuve la oportunidad de cursar un taller con Hinde Pomeraniec, una periodista que admiro mucho y cuando le consulté que hacer me dijo que no había nada peor que quedarme con las cosas adentro.
Recupero este blog, porque es el medio que me permitió contar mis impresiones de Pakistán, anécdotas del viaje y del shock cultural que puede implicar. Si bien ahora no me voy mucho tiempo y la idea es volver y nuevamente quedarme en Buenos Aires por un tiempo creo que sí es momento de volver a escribir. Para animar a quienes tienen dudas y miedos sobre los viajes, para acercar un poco las costumbres e historias de países lejanos y para compartir que, a veces, viajar se trata de mirar a nuestro alrededor con otros ojos. Abrazos a todos!